miércoles, octubre 22, 2008

Cuando uno no quiere, dos no pelean

En un ciudad ya tan complicada como la nuestra —hablo de Mérida, la de Yucatán—, ya resulta muy difícil mantener la ecuanimidad a la hora de transitar en un vehículo a determinadas horas del día, sobre todo con el sol disparando sus rayos como si nos reclamara nuestra actitud ante la naturaleza y, claro, muchos pierden la cabeza y se ofenden, se desquitan, se insultan y crean infiernitos a su lado cuando a veces los que los rodean no tienen la culpa de lo que les pasa. Y confieso que a veces soy uno de ellos... o era y ya me controlo bien gracias a Nora, mi esposa, quien siempre me insiste en que me eduque en la paciencia.
Hace unos días, con el cierre de un tramo de la calle 60 —cruzamientos de la 67 a la 69— del centro, el caos se hacía evidente ante la falta de señalamientos cuadras antes de llegar a la 60 x 69, pues quienes están acostumbrados a transitar del lado izquierdo para entrar a un estacionamiento que se ubica precisamente en ese costado de la calle o bien por la facilidad que generalmente da moverse en el carril izquierdo por culpa de los choferes de autobuses del transporte público de pasajeros que se detienen a veces a media cuadra del lado derecho de pronto se topaban con que tal carril izquierdo tenía colocados dos conos de señalización para evitar el paso y sólo quedaba libre la vía derecha de la calle.
Ya se imaginarán que, por consiguiente, al tratar de entrar al carril de la derecha que estaba libre y con el policía de crucero haciendo todo lo posible por controlar el caos (algo realmente imposible porque el caos es precisamente eso: un caos) se armaba un conflicto vehicular impresionante.
Y ahí estaba yo, ubicado precisamente en el carril izquierdo, enfrentando la sorpresa de que sólo podría seguir circulando en el paso de la derecha, pero me enfrentaba al asunto de tener que cruzarme para continuar, de modo que imploré ayuda con la mirada al policía de azul que dirigía el tránsito en ese momento.
Cuál sería mi sorpresa que el oficial al ver mis intentos fallidos de pasar y escuchar el escándalo acostumbrado de los otros choferes que soltaron el claxón de sus vehículos —hasta ahora no entiendo qué utilidad tiene hacer eso si de todas maneras tanto ruido no resuelve absolutamente nada—, en lugar de ayudarme a que el tránsito de un carril al otro sea más liviano y ágil simplemente, me gritó, así como lee, "me gritó": "Qué esperas..., a la izquierda y si te equivocaste das toda la vuelta para que aprendas, pero no me perjudiques el tránsito...".
"¿Qué? —pensé— ¿Dar la vuelta con lo complicado que está esto? No, no estoy dispuesto a hacerlo, pues sólo es una cuadra la que me falta"... De modo que le respondí: "Pero si voy al estacionamiento de ahí, vea, no le engaño oficial, soy del Dia... Imposible, no me dejó terminar y de inmediato me volvió a gritar: "¿Qué no entendiste? Ahora te pasas al carril de la izquierda y das la vuelta, tú no pasas".
Lo siento, soy muy terco cuando de luchar contra las injusticias se trata, porque además para ese entonces ya estaba en el carril de la derecha listo para pasar y lo único que impedía que continuara era precisamente el policía del crucero. Así que le pedí que por favor me dejara pasar y entonces se acercó, se dio cuenta de que llevaba el uniforme con el logotipo del periódico para el cual trabajo y me dijo, aunque ya no con gritos, sí con voz muy dura: "Pase y se estaciona adelante, por favor", y así lo hice. "Problemas y a perder el tiempo", pensé, pero traté de no hacer juicios previos ni prepararme para nada.
Creo que el policía se acercaba dispuesto a gritar de nuevo, porque no llevaba cara de buenos amigos. Sin embargo, al ver que precisamente por el caos vehicular un compañero de trabajo, reportero gráfico, captaba algunas imágenes con su cámara y que al pasar junto a mí me saludó con un "Hola,Ángel, ¿problemas?", a lo que respondí que no, la actitud del oficial cambió y entonces me dijo: "Jefe, comprenda por favor, tratamos de hacer nuestro trabajo, nos tienen que apoyar, ya ve que nosotros siempre apoyamos al periódico cuando lo necesitan; además, no lleva usted ningún logotipo o credencial que lo identifique".
Creo que la prudencia y la necesidad de no quedarme tanto tiempo discutiendo me llevaron a decirle: "Mire, oficial... Yo comprendo lo duro que debe ser estar bajo los terribles rayos del sol, es un trabajo duro, pero todos estamos sometidos a presiones y no vale que desquite su enojo, su furia con los automovilistas, que nadie tiene la culpa de lo que le pasa, así como usted no tiene la culpa de cada uno de los problemas de todos lo que andamos en nuestros vehículos en este momento y pasamos junto a usted. Así que, ojalá que esto se aprenda y se sugiera que una cuadra antes se coloque una señal de aviso para los conductores que vienen confiados en que la vida es como todos los días y de pronto se encuentran con algo como esto... todos estaríamos felices y agradecidos y, ¡claro que sí!, ayudaríamos a que la carga que usted tiene encima sea más liviana".
No me respondió, simplemente me pidió que continuara mi camino y agradeció mi sugerencia. Quedé sorprendido, aunque claro que no estoy seguro si el desenlace se debió al uniforme que representa a un periódico muy importante en el sureste o fue que realmente entendió lo que le quise decir.
En fin, que cada día se aprende algo importante, y en esta ocasión fue que lo mejor para evitar pleitos precisamente no hay que pelear. Dice mi padre que cuando uno no quiere, dos no pelean y muchas veces lo he comprobado. Al parecer cuando nos ofuscamos por un problema y perdemos la paciencia acabamos por perder la cabeza y hacemos cosas de las que luego ya no podemos arrepentirnos; por eso es importante conocernos y aprender a manejar nuestras cualidades y nuestras debilidades a nuestro favor. Es una tarea de todos los días, pero vale la pena trabajar constantemente en ello.

Remate
Y es que lo que a los adultos angustia, que se supone manejamos con "madurez" nuestros sentimientos y emociones, resulta que a los adolescentes también y aún más, sobre todo en lo que se refiere a las frustraciones y el cansancio. Tengo una anécdota relacionada con este asunto, pero no quiero cansarlos hoy con más palabras; será en la próxima Lección que les cuente y comparta lo que resultó de ello.— Mérida, Yucatán.
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