lunes, octubre 20, 2008

Educar, un asunto de gran responsabilidad

"Cada persona es un mundo", me dice siempre mucha gente. Y es cierto. Sólo que así como en el mundo, cada persona entonces es un enredo de problemas y angustias que debemos tomar en cuenta para hacer de nuestras relaciones con los demás algo mejor, en especial para practicar todos los días y a cada rato la empatía.
Y es que esto me quedó claro hace unos días de un jovencito, un adolescente con quien platiqué hace un par de días, por un asunto de calificaciones en la escuela. A veces pensamos que compartir académicamente nuestros conocimientos en un salón de clases significa abarcar una parte pequeña del cerebro del educando, pero resulta que no es así, porque no se trata de hacer panuchos o embolsar cacahuates, sino de estar con personas que necesitan más que pasar una lección con un 10, sobre todo si tomamos en cuenta que la actual situación que vivimos todos en el ambiente que nos toca vivir no ayuda para nada en la formación de los jóvenes de hoy.
"Me preocupa saber que aunque me esfuerzo nomás no puedo, y si del maestro se trata, entonces se complica la cosa porque no le interesa más que cumplir su trabajo y nada más; hasta parece que le molesta que lo cuestione... No sé qué hacer, estoy muy preocupado".
Es un hecho que los maestros tenemos un papel muy importante en el desarrollo y en la madurez de los alumnos; cierto, no debemos ni tenemos por qué exigirles que nos den a conocer su situación personal y familiar para apoyarlos, pero pienso que sí debemos estar pendientes de sus necesidades para saber cuál estrategia es la mejor para ayudarlos a crecer, o por lo menos para que no fracasen en el ámbito escolar.
¡Cuánto daño podemos hacer los maestros con una mala decisión, por un prejuicio o simplemente una mala apreciación de un problema! Ciertamente, quien se preocupa por sus cosas sólo tiene un nombre para ser descrito: responsable.
Como seres humanos tenemos muchas obligaciones en este mundo rodeado por seres humanos como nosotros: el primero es como padres de familia, primer educador y formador de personas; en segundo lugar, aquellos que tienen también el privilegio de enseñar y compartir los conocimientos que libros y experiencia les han regalado a través de la hermosa profesión docente. En tercer lugar, los ancianos, tremendos contenedores de sabiduría a quienes debemos respeto y cuidado. Finalmente, aun después de la muerte podemos seguir enseñando, gracias a las acciones que en vida pudieron hacernos trascender en quienes nos rodearon.
Por eso creo que el secreto para que nuestro país salga adelante está en la educación, la de la familia, en primer lugar, y la de la escuela, en segundo. Ambas son vitales, pues forman personas que finalmente se harán cargo de nosotros en nuestra vejez y también de las generaciones que vienen empujando detrás de ellos. Es una responsabilidad muy grande la que tenemos.
En la plática con este joven pude apreciar que el problema es que los formadores, los docentes, somos humanos y nos podemos equivocar, pero al hacerlo dañamos el producto final de nuestro compromiso: la persona. "Al maestro no le gusta que lo cuestionen y que a veces le digamos que está equivocado en lo que nos dice; tampoco le gusta que le pidamos información para saber cómo estamos en su materia, porque dice que no está obligado a darla... Estoy muy preocupado, ¿así es como se debe educar? ¿Usted qué opina?"... Son preguntas que todos nos deberíamos responder, pues a todos nos corresponde una parte de esa obligación. Por lo pronto, yo ya estoy cuestionándome sobre mi papel real y serio en la educación, primero de mi familia y finalmente de mis alumnos.

Remate
"Educar —decía un gran maestro de Filosofía que tuve— es tomar de la mano al discípulo para conducirlo por el camino correcto; pero no se queda ahí el concepto, es ir más allá, es transmitirle algo más que conocimientos, es darle tu persona, tu visión del mundo y ayudar a tu educando a que se forme un concepto personal de lo que le rodea, es facilitarle las cosas para que sepa cómo levantarse cuando ha caído, es, en fin, formar personas para una sociedad mejor, un futuro bueno para los seres humanos"... Es una lección que todos debemos asumir como nuestra, sobre todo los maestros, incluyendo los papás, que creen que con lavar la boca a los niños resolverán un problema de fondo.— Mérida, Yucatán.
aaldazg@gmail.com http://angelaldazg.blogspot.com/

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