lunes, noviembre 03, 2008

El ser humano cae por culpa de sí mismo

La noticia llegó como un golpe seco, como una puñalada directa y artera al corazón, así como asesinaron al pequeño.
¿Hasta dónde puede llegar la crueldad humana?, me pregunto. Creo que hasta donde el corazón del hombre cruel se atreve.
Una de las degradaciones más notorias del ser humano está en la manera como trata a sus congéneres, en especial a los más débiles, a los más indefensos.
La noticia circuló en los medios de comunicación: unos secuestradores en la ciudad de México asesinaron a un niño de cinco años inyectándole ácido directamente en el corazón, luego de enterarse de que la policía los buscaba.
Pregunto de nuevo: ¿Hasta dónde llega la crueldad humana? Estos asesinos, además, enterraron al menor en un cerro, lo abandonaron...
¿La víctima pagó alguna culpa, algún pecado? Simplemente la locura del ser humano llega a tales extremos que es capaz de perder los motivos de su existencia y envilecer su corazón a un grado tal que acaba consigo mismo y, cuando no, con pequeños indefensos.
Y es que en México, hablando de cifras oficiales, entre enero y septiembre de este año se reportaron 651 secuestros, de los cuales el 60% tuvo como resultado víctimas fatales.
Si ya de por sí las cifras son alarmantes en cuanto a niños no nacidos asesinados, es muy doloroso enterarse cómo en algunas partes del mundo se asesina a pequeños, sin piedad, y más triste aún saber que en México tanta insensibilidad ya nos enfermó.
Hay informes que revelan que aproximadamente entre cada seis a 10 minutos se asesina la vida de un inocente, es decir, cerca de 100,000 niños muertos, sin darles siquiera la oportunidad de haber nacido... imagínense, lo que tardamos en tomar un café.
Los niños son esos seres maravillosos que siempre nos enseñan que la vida es algo valioso y que hay que vivirla sin complejos, con libertad y con la inocencia natural que todos poseemos.
Ante este evento, confieso que hoy se cruzó por mi mente la extraña tentación de exigir la muerte para esta clase de asesinos, pero la voz de la prudencia me dice que no es así como debemos combatir este problema. El mal no se contrarresta con el mal.
Quizás sea un iluso, pero creo en las palabras de Teresa de Calcuta cuando dice: "Ama profundamente... hasta que duela; y después de que duela, ama de nuevo".
Todos tenemos una tarea urgente: la de buscar la manera de cambiar nuestra visión del mundo y de todos los que nos rodean, a fin de preservar al ser humano; no sólo es una obligación urgente, sino que es una cuestión de supervivencia, de vida o muerte para nuestra raza. ¿Hasta cuándo lo entenderemos?

Remate
Elevo una oración por este pequeño que no mereció sufrir la estupidez ajena en su versión más baja y denigrante... Siento culpa ajena por esto que sucedió.— Mérida, Yucatán.
aaldazg@gmail.com http://angelaldazg.blogspot.com/ http://www.poderato.com/CronicasFM/

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