lunes, diciembre 08, 2008

El ayer, una vez más...



Lo prometido es deuda: para quienes disfrutan de la bellísima época musical de los 70 y 80, aquí les dejo una pareja de hermanos que hizo historia y nos dejó un excelente repertorio de canciones para disfrutar: The Carpenters. Esta canción en especial, "Yesterday once more", fue como un himno en una época donde el romanticismo golpeaba a las jóvenes generaciones del momento... ¡Ah!, y para disfrutarla mejor, este vídeo en especial tiene la letra al estilo karaoke, por si también la quieren cantar. ¡Que la disfruten mucho!

¡El ser humano no ha muerto!

“Yo creo en el ser humano, creo en una sociedad más justa y que los sueños se pueden hacer realidad. Creo que hay muchos líderes jóvenes y de mediana edad que están dispuestos a seguir con esta bandera”, afirmó Luis Mella Gajardo, candidato a alcalde de Quillota, en Chile. Valiente afirmación en medio de un mundo en el que la violencia y la insensibilidad del mismo ser humano nos obliga a no creer en nadie, a desconfiar de todos, a cuidar la seguridad personal y la de quienes nos rodean.
En términos generales, la verdad es que el ser humano ha dejado de creer en el ser humano mismo y, como en muchas ocasiones hemos afirmado, se ha vuelto insensible, deshumanizado, porque perdió la fe en sí mismo.
Nietzsche dice que es muy erróneo clasificar las cosas por buenas y malas como a los elementos de la naturaleza por sexos. Hay cosas por encima del bien y del mal, como el amor, y, por lo tanto, ahí está el hombre.
De ahí que una de las emociones naturales del ser humano sea el temor o el miedo.
Vivimos constantemente con miedo porque simplemente la razón del miedo es una reacción para mantenermos a salvo de los peligros, es una emoción que sirve como medio de defensa; por ejemplo, si vemos un animal salvaje sentimos temor, lo que nos permite huir a salvo del peligro.
En este análisis, es posible que el ser humano sienta temor de sí mismo de manera natural, ha perdido la confianza en sí mismo, ha permitido que las bases de la sinrazón lo alcancen y acepta sus consecuencias sin aprender, sin luchar para salir adelante y conquistarse de nuevo para confiar, para sentirse feliz consigo mismo.
Y el mejor ejemplo de la confianza en el ser humano está en los niños. Son los grandes maestros de la vida que nos recuerdan a los adultos que no importan nuestras circunstancias personales, no importan los problemas ni los obstáculos, cualquiera que sea el tamaño de éstos, pues ellos siempre confían y aman; primero caminan y luego corren; siempre creen para aprender a hablar y a besar, porque para ellos la vida es un constante aprendizaje, una nueva experiencia que se agrega para madurar, para nunca dejar de admirar.
Muchos psicólogos opinan que muchas veces el solo hecho de “pensar” en el temor es suficiente para sentirlo.
Yo quiero hacer mías las palabras de Luis Mella cuando dice: “Yo creo en el ser humano”, porque realmente tengo fe en él, porque sé que en el fondo tiene esa capacidad de supervivencia, la cual lo mueve a proteger al débil y a defender a quien necesita apoyo.
Dentro de todo lo negativo que nos rodea, he tenido la experiencia de la humanidad tocando a la puerta de alguna persona, lo he visto, sentido y vivido.
Estoy seguro de que no todo está perdido: ¡el ser humano está vivo, hoy más que nunca! Y no es una idea fatalista ni falsa como la muerte de Dios que Nietzsche afirma. No, el ser humano vive, sólo hay que despertarlo para que se sacuda de ese letargo de flojera y de indiferencia que carga... Confío en que todos juntos podemos emprender la aventura de encontrarlo en nosotros mismos y confiar, pues es la parte más excitante de creer porque nos da alas para ser plenos y madurar como especie humana.

Remate
Es claro que la crisis económica que hoy vivimos se debe al egoísmo del ser humano. La codicia, la avaricia, la corrupción, el egoísmo y la ambición se convierten en la base de la “religión” de muchas personas, son la razón de su fe, creen en ello y no en sí mismos y en los demás. En realidad superar la crisis depende de cada uno. Si fuésemos cada día menos egoístas y más solidarios con los que menos tienen, si actuáramos con responsabilidad, si hiciésemos a los demás lo que queremos que nos hagan a nosotros, entonces todos viviríamos mejor y no tendríamos que sufrir por culpa de una economía que, al fin y al cabo, los seres humanos hemos inventado y hecho muy compleja. Insisto: creo que sí podemos, que somos capaces de superar todo. Al ser humano lo he visto ser, porque en los peores momentos se muestra verdaderamente por encima de sí mismo y entonces nos sorprende por su misma naturaleza humana.— Mérida, Yucatán.

sábado, diciembre 06, 2008

¿Explotar o vivir feliz?, esa es la cuestión...

En su mirada se siente el odio, la rabia contenida que asusta. "¡Coño, no quiero hablar más de eso!", grita, y decidido se levanta de la silla y avanza hacia la puerta.
Antes de llegar se da la vuelta y dice, como queriendo enfrentar el asunto: "La verdad no me siento bien cuando hablo de mis problemas, no es contra ustedes, sino contra mí mismo", y dicho esto sale de la habitación.
Al parecer la rabia y la intolerancia que Miguel siente obedecen a que nunca aprendió a manejar sus frustraciones; él no acepta que los problemas se puedan resolver de manera inteligente, pacífica y mejor, o al menos no sabe cómo hacerlo. Es una situación a la que muchos nos enfrentamos a diario en nosotros mismos o cuando nos encontramos con alguien que tiene cualquier tipo de problemas y no sabe cómo resolverlos.
¿Y sabe qué? Toda la molestia de este hombre fue porque un amigo le preguntó cómo iba su matrimonio, nada más.
¡Cuántas veces mostramos intolerancia y estallamos ante nuestras frustraciones! Ser paciente y resolver los problemas, los que se pueden solucionar, sin complicar las cosas no siempre es fácil, pero depende de que uno ponga de su parte y dé los pasos necesarios para lograrlo.
Hace unos días me platicaba una persona que conoce a alguien muy "explosivo": ante cualquier atisbo de frustración o cuando no sabe qué hacer, termina con gritos, golpeando las manos en las paredes y en cuanto mueble encuentre a su paso en su huida del lugar.
Y vaya que a todos nos ha tocado alguna vez perder la cabeza y/o poner un punto final a todo con un grito o a manotazos. Lo importante es ser conscientes de que las soluciones se dan en la medida en que manejemos nuestra inteligencia y, con base en el diálogo y la buena disposición, tengamos la voluntad para encontrar la mejor respuesta a nuestros problemas, a nuestras angustias.
Es un ejercicio constante que como reto todos deberíamos asumir; estoy seguro de que nos evitaríamos toda clase de problemas, en cualquier ambiente y en cualquier ámbito de nuestra vida.
Remate
Es definitivo, las lecciones vienen solas. Hoy tuve la oportunidad de platicar con Daniella, voluntaria del grupo "Alas al vuelo", quien me dijo que en lo que se refiere a los niños maltratados y abandonados que están en casas hogar lo importante es creer en ellos, porque ella aún cree en las personas y está segura de que en el fondo el corazón nos mueve, nos motiva a ser precisamente muy humanos y a arropar a quien lo necesita, eso, claro, con sus muy contadas excepciones, que no por eso se les puede llamar "malos". Sí, creer siempre en el ser humano, en las personas, nos abre enormes puertas de esperanza que nos empujan a ser mejores cada día y a hacer mucho más llevadera la vida de quienes no han tenido las oportunidades que nos tocó vivir a nosotros. Gracias, Daniella.— Mérida, Yucatán.

viernes, diciembre 05, 2008

Derechos humanos sin seres humanos, ¡cómo!

La historia reciente incluye graves violaciones a los derechos humanos. Es un asunto que no es obligación exclusiva atender de los diferentes organismos, gubernamentales o civiles.
En todo el mundo los casos de violaciones a los derechos humanos se dan por montones; lo grave del asunto es que esto sucede en nuestro entorno, incluso a nuestro lado, pero no somos capaces de mover un dedo para defender y prevenir cualquier abuso.
Y digo esto porque hace unos días, al volver del trabajo, me encontré caminando en las calles a 12 niñas vestidas con el traje típico de Oaxaca; eran las 10:15 de la noche y andaban sin zapatos, apenas con la ropa que traían puesta, y la que vendían en las manos, caminando bajo el frío que nos ha tocado en estos días; ningún adulto iba con ellas… calculo que tendrían entre 10 y 12 años, pero no más.
Y nadie, ni los visitantes nacionales y extranjeros, ni la gente que iba a pie, ni los conductores que por ahí avanzaban —y me incluyo— ni los policías que por ahí esperaban en las esquinas (estoy seguro de que no hacen nada más que eso, esperar, porque ni educan a la gente para el uso correcto de los semáforos peatonales ni ayudan a que el tránsito de vehículos sea más fluido) se atrevió a acercarse a ellas y preguntarles qué hacían a esa hora solas, sin zapatos y vendiendo. Incluso me pareció ver a una de ellas estornudando y con el rostro enrojecido quizás por alguna especie de alergia o catarro que tenía.
Cuando Juan Pablo II afirmó que la humanidad se deshumaniza no estaba inventando ni haciendo atractivo su discurso. El ser humano se ha vuelto muy insensible, al grado tal que puede haber un problema cerca de alguien y nadie actúa porque prefiere evitar un enfrentamiento, cargar con culpas ajenas pues.
Lo cierto es que es muy doloroso darse cuenta cómo ante tanta violencia que a diario nos llega a través de los medios de comunicación, en especial los electrónicos, lo que sucede a nuestro alrededor se pierde, ya no interesa, ya no se valora en su justa dimensión para hacer lo que como seres humanos nos corresponde.
Y es que en esto de los derechos humanos los problemas que vemos obligan, nos obligan a todos, sociedad, gobierno, religión, organismos de todo tipo, a actuar en consecuencia y luchar por el debido respeto de las personas, no importa edad, posición social, situación física, preferencias, todos merecen nuestra lucha por el solo hecho de ser personas.
Contrario a lo que pensamos, a diario nos encontramos con pequeños detalles que deberían prender los focos de alerta, pero simplemente no sucede nada, no nos mueve nada. Y entonces en todo momento nos enfrentamos al narcotráfico, a nuestros gobiernos, a la corrupción, a las mentiras, las apariencias, los abusos, la desigualdad, la guerra, la pornografía, la pederastia, al vecino que golpea a la esposa y a los hijos, que viola, que le valen los que viven a su alrededor, al conductor que reta, insulta, agrede, al alumno que se enfrenta a sus compañeros, que reta a sus maestros, que amenaza, en fin, la lista es interminable, todo nos vale, no hacemos nada, todo “para no meterme en problemas con nadie”.

Derechos humanos, un término que suena hueco cuando nos damos cuenta de que la realidad demuestra que tales derechos no existen, porque nadie lucha por ellos; es más, ni los organismos llamados autónomos asumen su papel obligado porque mejor se ocupan por lo que la política les podría ofrecer o por lo que en el mismo ámbito podrían lograr.
¿Será posible humanizarse? ¿Qué nos falta para alcanzar la excelencia como personas? Es algo que debemos pensar en serio y actuar, sobre todo por quienes vienen atrás empujando y por los que llegarán; por nuestro propio bien y para que luego no nos alcancen nuestras propias acciones, porque el golpe puede ser muy duro.

Remate
Empiezan las fiestas por todas partes, ya se respira el ambiente navideño. En muchas partes se escucha la música que nos envuelve con temas que nos ubican en el tiempo que estamos a punto de vivir. Junto con esta “preparación” nos llega la mercadotecnia que permitimos que nos envuelva y nos venza. Ofrecimientos de todo tipo para gastar, ninguno habla de dar la persona, de visitar al desvalido, de acercarse al necesitado, sea el padre, la madre o cualquier pariente, amigo o desconocido olvidados. Vale ésta como una oportunidad para empezar a humanizarnos, ese tema tan recurrente que nos golpea constantemente para gritarnos que nos estamos perdiendo como seres humanos. El fondo de todo no radica en cuánto das a los demás, sino en cuánto te das a todos, en especial a quienes te necesitan. Podemos empezar ya, es urgente y necesario.— Mérida, Yucatán.
aaldazg@gmail.com http://angelaldazg.blogspot.com/ http://www.poderato.com/CronicasFM

martes, diciembre 02, 2008

Estos cuatro minutos son para levantarse


Y para no perder de vista que la música siempre puede hacer milagros en cualquiera, aquí está Tracy Chapman con una canción estupenda llamada "Fast car". Personalmente puedo decir que hoy me levantó mucho el ánimo que ya andaba caído; vale la pena compartir este vídeo y procuren darse esos 4:25 minutos que dura esta canción para reflexionar y recargar pilas. Arrancamos un nuevo bloque de escritos en este sitio que, gracias a sus visitas, se mantiene alimentado con experiencias todos los días. Gracias de nuevo.