miércoles, abril 30, 2008

Consejos para volver a ser niño

Nada mejor para recordar cómo eramos de niños que hablar con algún pequeño, y si es uno de los pedacitos de nuestra alma mejor. Y nada mejor para volver a ser niños que dejarse envolver por ellos, en su imaginación, en sus juegos, en su forma de hablar, en su filosofía sobre la vida.
Navegar por la creatividad de un niño, aprender de su sabiduría fresca y natural nos recuerda que las personas valen la pena, porque en los niños encontramos al hombre —como raza— en su presencia más pura, más humana.
Por eso confieso que he disfrutado —y lo sigo haciendo— haber hablado con algunos pequeños para resolver algunas dudas sobre la vida, las relaciones humanas, Dios y muchas otras interrogantes difíciles de responder para un adulto.
Comencemos con Abel, un niño cuyos ojos sonríen vivos al mirar a los demás. Apenas tiene siete años y está en primero de primaria. Él platicó conmigo de lo que significa para él ser niño y de lo que quiere para el futuro:
“Mi mamá me dice que cuando uno crece quiere ser niño otra vez, pero yo no creo que a mí me vaya a pasar eso, porque no tengo ganas de crecer. Lo que más me gusta es jugar con mis amigos. De la escuela lo que más me gusta es el recreo, computación y artísticas. Fíjate que cuando era chico le enseñé a mi abuela a usar la computadora”.
En el caso de Lorena, simpática niña de nueve años, cuyo rostro lleno de pequeñas pequitas no oculta su sagacidad ante la pregunta de lo que opina de los adultos en general y del mundo “extraño” de reglas que han creado:
“Me gusta ser niña porque puedo hacer un montón de cosas. Por lo que cuentan mis papás, los niños de antes (o sea nosotros) eran aburridos, llenos de reglas y de cosas que les prohibían. Pienso que los adultos no ven lo que nosotros sí, fíjate: el otro día le dije a mi papá que quería cortar una florecita de la calle, pero me dijo que no y me llamó loca; yo quería cortarla porque como era muy bonita se la quería regalar a él. Me gusta Peter Pan porque siempre es un niño. No quiero crecer, así estoy bien”.
En el caso de Marcos, de siete años, además de ser un aprendiz de mago adelantado, pensar en lo que los políticos hacen le molesta, por eso mejor disfruta de “los chistes del 'Chavo del 8'”:
“Mi personaje favorito es Harry Potter. Me gustaría ser como él porque puede hacer magia, vuela y hace hechizos. Mi abuelita dice que siempre debo respetar a los adultos, porque yo soy chiquito, pero ellos no se respetan. A veces oigo que mi papá habla con mi mamá y le dice algo de gente que se pelea en el gobierno y no sé qué cosas más. Yo mejor juego con los amigos porque nadie se pelea, nos ponemos de acuerdo y es más divertido. Te voy a decir un secreto, pero no se lo digas a mi abuelita: la niña que me gusta es la que sale en 'High School Musical'. Es muy linda, canta y baila muy bien. Cuando sea grande quiero seguir haciendo lo que hago (hoy)”.
Y un niño con quien no podía dejar de platicar: Ángel, un pequeño muy adelantado a su tiempo, que conjuga filosofía con inocencia y niñez con sabiduría. Por supuesto que lo tengo que decir porque me refiero a mi hijo:
  • La vida: “No te entendí, mejor dime si vas mi partido y luego me explicas eso que quieres decirme porque no te entendí nada”.
  • Ser niño: “Tu mamá me dice que soy igualito a ti cuando eras niño; es cierto, en las fotos que ella tiene estás igualito a mí. Abuelita te recuerda mucho de niño, pero ya creciste... Ser niño es diferente a ser niña, pero ustedes dicen que también soy bonito”.
  • Dios: “Está en el cielo, siempre me cuida y ve todo lo que hago”.
  • Los adultos: “Mis abuelitos me gustan mucho... Pero también a ti y a mamá los quiero”.
  • Lo mejor de la vida: Cuando me abrazan y todos están contentos”.

Remate
Ser niño es una de las mejores etapas en la vida de una persona, pero con el tiempo la olvidamos. Poco a poco los adultos hemos ido considerando a los niños seres íntegros, personas que deben gozar a plenitud sus derechos. Ya lo dijo Freud, la infancia humana, lejos de ser una etapa de aislada calma, es un campo fértil en emociones intensas. ¿Quién puede decir lo que es la niñez? Quizás el “Pequeño Daisy” ilustrado —diccionario compilado por la artista plástica Diana Aisenberg— dé cerca del blanco cuando asegura: “Niño: ser que debe recibir amor, tener aventura y gente que lo quiera”. Algo tan simple y tan enorme que los adultos hemos olvidado.— Mérida, Yucatán.
aaldaz@dy.sureste.com
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sábado, abril 19, 2008

Frente a la violencia, hay esperanza

Muchas de las historias sobre violencia contra la mujer contadas por las víctimas llegan a ser muy trágicas y desgarradoras. Muchas mujeres que se han logrado rescatar a sí mismas de ese mal y han podido contar su experiencia muestran estragos en el alma y en la psique debido a tanto sufrimiento.
Tal es el caso de Ana, cuyo único “problema” fue amar profundamente, a cambio de violencia psicológica por parte de su pareja. Éste es su testimonio, que puede servir para que muchas mujeres que se identifiquen con ella y su caso entiendan que siempre hay un camino para salir adelante y crecer, empezando por dejar al agresor, pues no están solas:
“No hay razones para explicar lo que llaman amor. Es algo que simplemente sentimos, creemos saber qué es y dejamos que fluya. Existen millones de libros que tratan de enseñar lo que debe ser una relación de pareja, pero simplemente es teoría..., la realidad es muy diferente.
“Es muy difícil aceptar que eres víctima de violencia psicológica. Es más difícil cuando sabes que tienes preparación académica, ambiciones profesionales y de vida, gente que te quiere y que nunca has visto malos ejemplos en tu hogar. En mi caso, el mito de la 'falta de figura paterna' es totalmente falso, pues mi padre siempre ha estado y está para mí.
“Al principio todo fue color de rosa. Estaba segura de que él (la pareja) era la persona con la que por fin me casaría y sería madre, por fin había alguien que comprendía lo que soy y que además lo compartía. Pero conforme pasó el tiempo fue cambiando. Los celos, esos que a todos nos gusta provocar porque en cierta manera creemos que es una muestra de amor, se pueden convertir en un monstruo.
“Todo era mi culpa. Sólo buscaba llamar la atención. Si un hombre se me quedaba viendo, la culpa era sólo mía porque yo lo provocaba. Gritos, reclamos y castigos, como dejarte de hablar y apagar el celular. Lo peor, yo sentía la necesidad de explicarle que todo lo que pensaba no era cierto..., y a buscarlo, llamarlo, a llorar, hasta que él finalmente cedía y aceptaba hablar conmigo.
“Me pedía perdón y yo le creía, y transcurría el tiempo en calma hasta que yo volvía a cometer “otra falta”: no contestar el teléfono a tiempo, decir que quería salir con mis amigas, conocer gente nueva. De repente, todas las amigas eran 'unas cualquiera' y los amigos 'seguro tuvieron algo contigo'.
“Nunca me dijo que yo fuera tonta o que no sirviera para nada, pero siempre sentí que mis opiniones no contaban, mis explicaciones tampoco, porque la única verdad la tenía él. Podía decir que me dolía la cabeza, pero si él consideraba que no era nada, sólo decía: 'Estás exagerando', y me ignoraba. Él me podía juzgar, me podía decir lo que estaba haciendo mal; yo no, porque me castigaba con lo que más me dolía: su silencio.
“Odio sentirme víctima, odio sentir que permití que eso pasara, odio aceptar que toda la gente que estaba a mi alrededor me comentaba que mi carácter había cambiado, que me había vuelto una neurótica, que prefería hacer oídos sordos a lo que me trataban de explicar. 'En cualquier momento, te va a dar un golpe', te dicen, pero te niegas a aceptarlo.
“A ti te van a decir que es tu culpa, que tú lo provocas, que 'sólo contigo me ha pasado esto', pero no es cierto. Tú no causas nada, lo único que quieres es tener una vida normal. Quieres tu vida, tener amigos y amigas como cualquier gente. Quieres no verte en la necesidad de llevarte el celular hasta el baño por si suena para contestar a tiempo, quieres tener la libertad de caminar y voltear a cualquier lado sin escuchar la pregunta: '¿A quién ves?'. Te quieres sentir que vales como mujer, que tu palabra cuenta, quieres paz. Quieres tener la libertad de cambiar de decisión de último momento y no dar mil explicaciones.
“De repente te das cuentas de que sólo vives para que él crea en ti y no se enoje, y ¿quién dice que él no se divierte con otras? ¿Quién te dice que no es él el infiel? Cuidado y lo menciones, porque no eres más que una loca que piensa eso, 'porque seguro haces lo mismo'. Y lo peor, puede resultar que tus sospechas sean verdaderas.
“Hay quien dice '¿por qué te dejas?'. Y la mejor respuesta que puedes dar es: 'No lo sé'.
“No sé por qué lo aguanté, no lo sé; me creía enamorada, llegué a pensar que de verdad era mi culpa. No lo sé. Sabía que no estaba bien y seguí, hasta que se acabó, cuando se tuvo que acabar”.
Hoy esta mujer vive luchando, recuperando con valor el aprecio a sí misma, la admiración a su persona; lo importante es que al caer en la cuenta del problema que enfermaba su alma logró dar el paso decisivo para empezar a ser, para empezar a crecer.

Remate
Ana propone que en lugar de gastar tanto dinero en lugares para apoyar a la mujer víctima de maltrato psicológico, se establezcan lugares para ayudar al hombre que ejerce el maltrato, porque generalmente pensamos que es un problema de machismo, pero en realidad el asunto va más allá. Es hora de que entendamos que el problema no se soluciona con la mujer reconociendo que está en una situación insana sino también con que el hombre acepte que su comportamiento es erróneo,  no siempre es cuestión de machismo, pues está confirmado científicamente que puede ser una enfermedad, que en todas, en absolutamente todas las clases sociales se da, no es cuestión de mujeres  y hombres con escasa preparación; además, agrega, es importante el cambio de actitud en la sociedad, de dejar de ver al hombre agresor como un villano pidiendo que se alejen de él, pues también es necesario proporcionarle ayuda para superar su problema. Ana dice que si alguna mujer con este problema quiere hablar sobre lo que siente, está dispuesta a compartir su experiencia; mi correo electrónico está disponible para contactarla.— Mérida, Yucatán.
aaldaz@dy.sureste.com
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domingo, marzo 02, 2008

Contra el desánimo, lo mejor es la música

Es curioso, no sé si le ha pasado a usted, pero la música puede llegar a ser un gran acicate en tiempos malos para una persona.
Hace unos días andaba con el ánimo muy caído, situación a la que de vez en cuando el cansancio y los problemas nos enfrentan. Pues bien, recurrí a la medicina de la música. Confieso que soy un superviviente y amante de los 80 cuando disfruté al máximo la música disco de la época; aunque muchos dirán lo contrario, la mejor para mí de esa década fue la música en inglés, pues la latina, en español, apenas empezaba a despertar a esa moda musical y, obviamente, los éxitos ochenteros en nuestro idioma no llenaban mis exigencias y requisitos de adolescente de la época.
En fin que soy un gran sobreviviente de los 80 y me gusta. Por eso de vez en cuando disfruto de canciones que me quedan guardadas en los arcones físico y sentimental de los recuerdos.
Como dije antes, para mí es la mejor medicina ante el desánimo que a veces las circunstancias nos dejan. Amén de todos los estudios que psicólogos y científicos de la mente han hecho respecto a las reacciones de los seres humanos ante las emociones, ¡la música es lo mejor para levantar el espíritu!
Hace unas semanas, platicando con unos jóvenes de preparatoria me comentaban muchos de ellos que escuchaban música porque los ayudaba a olvidar los problemas de todo tipo a los que se enfrentan; ciertamente creo que los problemas se tienen, se deben enfrentar y resolverlos, pero
tomar la música como una medicina para relajar el espíritu —la famosa "recarga de baterías"— y continuar es lo mejor.
Vale la pena tomarlo en cuenta para que cada quien, según sus gustos, vivencias y amor a determinado estilo de música, use este gran medio de expresión para retomar la idea de seguir luchando. ¿No lo cree así?

miércoles, febrero 27, 2008

Un monstruo se lleva a nuestros niños

Con los avances tecnológicos y el aumento del movimiento entre países, la idea de fronteras se ha perdido. Un ejemplo de esto es el internet —producto de los avances tecnológicos—, que permite a las personas encontrar información sobre cualquier cosa, “saltando” de una página a otra, de un país a otro sin restricciones.
Y sucede que esta herramienta nos hace creer que vivimos en una “zona tranquila”, pensamos que problemas graves como tráfico de drogas y de personas, explotación de niños y mujeres, pornografía y comercio infantil, etcétera, que suceden en otros países no nos alcanzarán.
Hace unos días, al revisar mi correo electrónico encontré dos mensajes provenientes de los remitentes skymdi@aol.com y larnsuz1818@aol.com. Lo que llamó mi atención fue el asunto que anunciaban ambos correos, primero, porque no conozco a los remitentes y, segundo, porque si eran enviados debido a alguna suscripción en línea, pues no acostumbro darme de alta en ningún sitio de internet.
Así, por curiosidad decidí leer los mensajes y, sorprendido, en ambos me encontré con el siguiente texto: “Want to have sex with 13y0 chil..s? Its very hot, contact us: skymdi@aol.com” (“¿Desea tener sexo con niños(as) de 13 años? Es muy excitante, contáctenos: skymdi@aol.com”).
Por supuesto que el asunto no sólo me sorprendió, sino que puso en alerta todos mis sentidos, porque tenía frente a mí un problema gravísimo que siempre he combatido, además de que confirmaba que está al alcance de cualquiera.
Con la información de los remitentes hice una investigación y me encontré con que en varios sitios de protección y prevención de pornografía y comercio sexual este correo basura (SPAM) ya estaba reportado ¡por 45,000 remitentes diferentes!, según las policías cibernéticas de países como Canadá, Estados Unidos, Japón, Alemania, Rusia e India (México no figura). ¿Se imagina cuántas personas habrán respondido a ese correo pidiendo información? Eso significa más niños secuestrados y explotados sexualmente en el mundo.
Y más cifras: de acuerdo con la Unicef, cerca de un millón de niños en todo el mundo deja sus hogares y cae —o son dados o vendidos— en manos de traficantes que ejercen el control sobre ellos y los llevan de un lugar a otro para explotarlos. Además, dice la Unicef, hay 100 millones de niños y niñas abandonadas en todo el mundo, de los cuales 40 millones pertenecen a América Latina. Y la cifra sube de manera escandalosa.
Es un problema real que potencialmente toca a las puertas de nuestras casas cada vez que nos conectamos a la “red de redes”. La realidad nos muestra que internet es un medio que hace posible la distribución impune de material pornográfico audiovisual en el mundo.
Lo preocupante de este asunto es que, por más que indagué, en Yucatán, en México, no es fácil encontrar dónde acusar, pues ni las autoridades saben con certeza cuál es el proceso, o por lo menos no está muy claro, lo que desalienta este tipo de denuncias.
Pero además, en este problema intervienen factores de orden económico, social, cultural y político, que se reflejan en los procesos de educación, salud, disciplina y de organización familiar, entre otros. Y mientras males como éste crecen, gobiernos como el de México y sus Estados se ocupan por defender a capa y espada situaciones de índole personal y partidista.
Y es que aquí no se trata de establecer políticas populares, mucho menos populistas, sino de proteger a las familias, de educarlas. Ya no es posible escuchar a madres que digan: “Se embarazó porque así lo quiso, nadie la obligó”, al hablar de una menor de edad y, peor, de su propia hija. Si nuestros gobiernos no actúan, las familias están obligadas a hacerlo..., por los niños, por sus hijos.

Remate
El comercio sexual de niños no es nuevo, pero en los años recientes ha crecido. Los niños son presa fácil de traficantes que los hacen sufrir muchísimo. Investigaciones de organismos no gubernamentales apuntan a que cerca de un 65% de los niños de la calle en América Latina están, de un modo u otro, en riesgo de explotación sexual. En el continente Americano y el Caribe el tráfico de niños está, en su mayor parte, relacionado con el turismo, aunque también se les usa para el transporte de drogas o el comercio sexual. Hay que despertar, el monstruo se mueve y se lleva a nuestros niños, no podemos quedarnos sin hacer nada.— Mérida, Yucatán.
aaldaz@dy.sureste.com
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viernes, febrero 08, 2008

La violencia gana terreno

La lucha por desarrollar una cultura de los derechos humanos que busque la equidad entre las personas hace más notoria hoy la violencia familiar, lo cual ocasiona que ésta tome otra dimensión.
En nuestro medio, el problema se ve cada vez más como una enfermedad social, pues más sectores resienten sus consecuencias en la salud, en el funcionamiento de las familias, en el desarrollo de las comunidades, del Estado y, por tanto, del país.
En México, como en otros países, la violencia es reconocida como un problema de salud pública porque impacta directamente en las personas, en todas las áreas de su desarrollo. Así lo demuestran los datos estadísticos de investigaciones que descubren la amenaza que este mal representa para la salud de mujeres, niños, adolescentes, embarazadas, adultos mayores y gente discapacitada.
En Yucatán hay un panorama nada halagador relacionado con este problema. De acuerdo con algunas cifras, en 2001 se reportó un total de 45 casos de violencia y en 2002, 56. Los grupos de edad más afectados son los de 20 a 24 años y de 25 a 44 años, con importante predominio en el sexo femenino, principalmente en el hogar.
En 2005 se reportaron 159 casos y en 2006, 449; este aumento se debió a que los médicos, en plena consulta, ya detectan la violencia y la registran. Aparentemente las cifras son “mínimas”, pero aquí no se toman en cuenta las que fueron denunciadas ante la autoridad judicial y menos las que en medio del terror nunca se denunciaron ni se denunciarán.
De acuerdo con la académica de la Universidad Autónoma de Yucatán Dora Ayora Talavera, los medios de comunicación y el contacto con otras culturas contribuyen también a la proliferación de esta mal, pues empujan a la elección de otros tipos de vida familiar: “El impacto de los medios (sic) se refleja en la convivencia. La televisión y el Internet propician que la familia ya no sea como antes, que sus integrantes tiendan al individualismo y al aislamiento”.
Un ejemplo de esto lo encontramos cuando la familia, en vez de salir a pasear, prefiere quedarse en casa con el padre sentado ante la computadora, la madre ante la televisión y los hijos frente a los videojuegos. ¡Todos están juntos, pero nadie convive!
Lo grave es que la violencia le está ganando a las autoridades. Empero, ante la falta de acciones institucionales efectivas, organizaciones no gubernamentales trabajan para cubrir los vacíos dejados por el gobierno y, en la práctica, estos grupos son los que han pedido políticas públicas para atender esta enfermedad social.
Debemos tomar en cuenta que lo que llamamos “cifras” en relación con este problema, en realidad son vidas que están en peligro a causa de golpes y maltratos. Por eso para atender de manera real e integral este problema se requiere la concurrencia de todos: gobierno, empresarios, escuelas, asistencia social y de salud, las ONG, etcétera, en un trabajo sostenido.
Las autoridades difícilmente podrán hablar de que se estén revirtiendo las cifras de violencia, porque no hacen un trabajo exitoso y porque, al parecer, carecen de voluntad política.
Es urgente que se promuevan acciones en todo el Estado para que se conozcan las normas y las obligaciones, a fin de que luego todos los actores participen asumiendo su responsabilidad.
Siempre lo hemos dicho, nuestra sociedad tiene su fundamento en la familia; pero de una familia donde la violencia es su base, no se puede esperar nada más que violencia. Lo que en la familia recibimos, eso damos a la sociedad, así la “construimos”. ¿Por qué entonces nos quejamos de la violencia que vemos, si no luchamos por erradicar la que se tiene en casa?

Remate
La violencia doméstica es un problema más grave de lo que se cree y la preocupación se vuelve terror al descubrir a muchos niños y adolescentes en la escuela que piden ayuda ante una situación de maltrato; en realidad son muchos más los casos de los que se cree. Si el hogar no es el refugio para el crecimiento sano e integral de las personas, hay que pedir ayuda. Es obligación de las autoridades castigar, pero sobre todo defender y proteger a las víctimas.— Mérida, Yucatán.
aaldaz@dy.sureste.com
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